Autor: Walter Leslie Wilmshurst
Traductor: Alberto Moreno Moreno
Título: El Santo Arco Real de Jerusalén
Colección: Serie Azul
1ª edición, 2009 (PDF)
ISBN: 978-84-937392-2-5
Páginas: 112
DESCRIPCIÓN
Única traducción al español del interesantísimo capítulo IV del libro The Meaning of Masonry, del profundo místico inglés Walter Leslie Wilmshurst, titulado «The Holy Royal Arch», y publicado en Londres en 1922. Incluye también Tres lecturas sobre el Arco Real como se impartían antiguamente en el Supremo Gran Capítulo del Arco Real de Escocia.
¡Por fin una traducción de calidad al español sobre uno de los textos más importantes sobre el ARCO REAL publicados hasta la fecha!
EXTRACTOS
El Arco Real es la conclusión natural, y plenitud, del Tercer Grado. Podría decirse que el grado de Maestro Masón es representado, en términos de teología cristiana, por la fórmula «Sufrió, fue enterrado y se levantó de nuevo», mientras que el equivalente de la ceremonia de exaltación es «y ascendió a los Cielos». El grado del Arco Real persigue mostrar esa vida nueva e intensificada que el candidato puede alcanzar así como el exaltado grado de conciencia que conlleva. No se concibe alcanzar mayor nivel posible que aquel donde lo humano se une a la conciencia divina y conoce a la manera que Dios conoce. Y al ser ese el nivel que la Orden del Arco Real trata en sus ceremonias, se concluye que la Masonería, como sistema sacramental, alcanza su clímax y culminación en esa Orden.
Walter Leslie Wilmshurst
Sumamente velada bajo la liturgia de un concilio del Sanedrín hebreo, la ceremonia del Arco Real exhibe por lo tanto de una manera sumamente gráfica el fundamento psicológico de la etapa final de regeneración. Para aquel que realiza una interpretación literal de los textos sagrados y no es consciente de que, tanto en las Sagradas Escrituras como en los Misterios, la apariencia superficial siempre debe ser leída en clave de valores espirituales y los personajes cuasi históricos deben ser entendidos como representación de principios filosóficos, supondrá alguna dificultad el preguntarse o traducir la cuasi historicidad del texto ceremonial en la interpretación espiritual aquí ofrecida. La educación e iluminación de la comprensión es, en cualquier caso, una de las intenciones explícitas de los ritos iniciáticos, y hasta que la mente es capaz de elevarse sobre los hechos meramente materiales y se habitúa a trabajar en el verdadero reino de las ideas que se materializan en hechos y hacen los hechos posibles, hay escasa probabilidad de aprovechar ritos como los de la Masonería, que serían de valor despreciable de no ser por la fuerza espiritual y energía vivificante de sus ideas inherentes.
Walter Leslie Wilmshurst
La condición alcanzada por el candidato iluminado es el equivalente a lo que en teología cristiana se denomina Visión Beatífica y en las culturas orientales se conoce como Samadhi. También es referida como conciencia universal o cósmica, dado que el recipiendario, trascendiendo todo sentido de individualidad personal, tiempo y espacio, es co-consciente con todo lo que es. Él ha penetrado en el éxtasis y la paz que sobrepasan ese entendimiento temporal que queda limitado a la percepción de contrarios, antinomias y contrastes que caracterizan la existencia finita; él se ha levantado hacia ese estado exaltado donde todo ello encuentra su resolución en la celestial concordia de lo Eterno. El iluminado está en consciente empatía e identidad de sentimiento con todo lo que vive y siente, en virtud de esa caridad universal y amor sin límites que es el corolario de percibir la unidad de todo en el Ser de la Deidad, y que al comienzo de su progreso se le describió como la cumbre del trabajo del masón. También percibe que hay un universo tanto dentro como fuera de él, que él comprende y alberga microscópica-mente todo aquello manifestado a su inteligencia como el vasto universo espacial que le rodea. Es consciente por sí mismo de ser la medida del Universo; se da cuenta de que la Tierra, los Cielos, y todo lo que contienen, son imágenes proyectadas de realidades correspondientes presentes dentro de sí mismo.
Walter Leslie Wilmshurst
Compañeros, el descubrimiento que ha sido realizado es de la mayor importancia, y podéis ver que el mundo está en deuda con la Masonería por la preservación del Volumen de la Ley Sagrada. De no haber sido por la sabiduría y precaución de nuestro primer Gran Maestro, que construyó una bóveda secreta bajo el Templo capaz de soportar las llamas devoradoras y la furia del enemigo, esta, la única copia que queda de la Ley, se habría perdido con la destrucción del Templo. Los caracteres del triángulo —cuyo contenido los Moradores no pudieron comprender— representan, como nos ha sido sugerido por el docto Sanedrín, el nombre de Dios en tres lenguas distintas; y todas indican, en nuestra opinión, el método verdadero, pero hace mucho tiempo perdido, de pronunciar la Palabra Sagrada inscrita en el círculo. Pues se trata de una naturaleza demasiado esencial para ser comprendida por la sabiduría humana, o pronunciada por la lengua de cualquier individuo. Finalmente, la tradición masónica nos informa de que la antigua palabra de Maestro, perdida en la construcción del Templo del Rey Salomón, sería un día recuperada, y puesto que la Joya que el Sanedrín descubrió lleva la marca de Hiram Abiff, no puede haber duda de que los caracteres del triángulo significan esa palabra perdida y la manera de pronunciarla, pues sabemos que solo podía ser pronunciada cuando los tres Grandes Maestros estuviesen presentes y consintiesen en ello.
Lectura Primera
No está en la mano de ningún mortal analizar o comprender adecuadamente la importancia o contenido del Nombre Inefable. Baste con considerar que implica el poder autosuficiente del Omnipotente, remarcando la eterna duración de la incognoscible Divinidad, del Gran Ser que procede y es por y para Él Mismo, el origen y fuerza de todo poder y majestad incomprensible, y que ese nombre denota, de forma hermosamente precisa, la existencia inmutable y necesaria del Todopoderoso, que era, es, y siempre será el mismo Dios grande y viviente. Este nombre terrible era tenido en tal veneración por los hijos de Israel, que nunca se pronunciaba, salvo una vez al año, y solamente por el Sumo Sacerdote, cuando en una solemne asamblea él entraba en el Sancta Sanctorum o Kadosh Hakodashim, y tras muchas ceremonias religiosas para aplacar a Dios por los pecados del pueblo de Israel. Actualmente, ningún israelita osaría pronunciarla o escribirla, ya fuese en sus oraciones, públicas o privadas, pero invariablemente adopta las palabras sustitutivas Adonai o El Shaddai. Esta palabra también implica que el Dios de Israel será fiel a Su promesa y guardará la Alianza que Él realizó con los descendientes de Abraham.
Lectura Tercera