Introducción al Rito Escocés Rectificado. "La Matrioska de Willermoz", de Pavel Gómez del Castillo.

A pesar de mis casi veinte años en masonería, he de reconocer sé muy poco del Rito Escocés Rectificado. Sin duda, tengo una idea clara tanto de lo que es tanto el Ritual de Emulación como el Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Sin embargo, los hermanos del Rito Escocés Rectificado siempre me habían parecido unos masones un tanto extraños. Aparte de su llamativo tricornio y la espada, me resultaba evidente que los masones rectificados vivían su pertenencia al rito como si fuese algo más, sin que me fuese posible precisar con claridad que era ese algo más. No obstante, a pesar de mi desconocimiento siempre los contemplé con cierto cariño por tres razones: la primera es que su concepto del G.A.D.U. es el mismo que el mío, el Dios de Abraham. La segunda es que tenía la certeza de que una logia del R.E.R., por la propia naturaleza del rito, desarrollaría un trabajo centrado en la espiritualidad, siendo impermeable a la política. Y la tercera es que viven su rito con una devoción que no se ve en los que trabajan en Rito Escocés Antiguo y Aceptado o en Emulación (a pesar del enorme trabajo de memorización que este último nos exige). Son extraños, estos chicos del Rectificado.
Al igual que en el resto de ritos, el R.E.R. ha ido construyendo su propia bibliografía en español con el paso de los años. Resulta muy difícil hablar de bibliografía rectificada en español sin mencionar el ingente trabajo de traducción y escritura de libros en torno al R.E.R. realizado por Ramón Martí. Sin embargo, quedaba por escribir un libro que sirviese de introducción al rito, de manera que el que sintiese curiosidad pudiese acceder, de manera clara y sencilla, a una idea precisa del contenido y naturaleza del mismo.
Tras leer este libro he de decir que me he quedado con la sensación de que el Rito Escocés Rectificado, si bien está encuadrado en las obediencias masónicas regulares, es un rito que excede lo propiamente masónico. En cierto modo, es como si los grados inferiores del sistema hundiesen sus raíces en la tierra de la masonería, pero la copa del árbol fuese algo muy distinto.
Pavel dedica la primera parte del libro a explicar la evolución de la masonería, desde que nace al abrigo de las órdenes monásticas hasta el momento en que los jacobitas exiliados se asientan en Francia. Resumir una etapa tan extensa y rica en detalles es una labor de alto riesgo, en la que la simplificación obliga a cometer inexactitudes. Aun así, son relativamente escasas, y ha salido bastante indemne. Sí es importante decir que ha dedicado los dos primeros capítulos a la regla, que es un elemento enormemente distintivo del R.E.R., y de hecho unos de los que más marcan la vivencia del rito a nivel personal. Visto con la perspectiva de la historia, la Regla de Wilhelmsbad introduce un nivel de exigencia moral hasta entonces inédito en la masonería, pues en los albores de la masonería el componente moral era un tanto secundario. Durante el siglo XVIII aparecían unas pocas (muy pocas) herramientas de las que se extraían enseñanzas morales, del mismo modo que en la católica Francia encontramos alusiones a las buenas obras (en la calvinista Inglaterra no). Pero el componente moral de la masonería, tal y como lo conocemos hoy en día, no fraguará plenamente hasta el siglo XIX. La Regla de Wilhelmsbad hace que la masonería bascule por primera vez de manera decidida hacia la moralidad, y además lo hace de una manera integral, cristiana y atronadora para aquel llamado a ser un masón rectificado. Me permito citar una frase del primer artículo que ejerce, en mi humilde criterio, de base intelectual del resto del texto: «Que tu corazón enternecido, y reconociendo los beneficios paternales de tu Dios, rechace con desprecio estos vanos sofismas que prueban la degradación del espíritu humano cuando se aleja de su origen».
Tras los dos primeros capítulos dedicados a la regla, y otros dos dedicados a la evolución histórica de la masonería, en los que también trata el cisma entre Antiguos y Modernos, el libro entra en la leyenda escocesa. Los grados escoceses fueron llevados a suelo francés por los jacobitas exiliados tras las sucesivas derrotas sufridas en los levantamientos que siguieron a la Revolución Gloriosa de 1688. No era este libro el lugar para tratar la enorme herencia escocesa de la masonería, pero sí para poner el foco sobre el Discurso del caballero Ramsay (1736). A raiz de este Discurso, en Francia se extendió la idea de que la masonería recogía las enseñanzas transmitidas por los Hospitalarios que retornaron de las cruzadas, y posteriormente por los Templarios. Probablemente, la razón por la que esta leyenda tuvo tanto éxito es que los masones franceses eran de clase alta, mientras que los británicos lo eran de clase baja, y para esa clase alta era mucho más elegante verse como herederos de los templarios que no como meros sucesores de canteros operativos. En cualquier caso, la idea del origen caballeresco de la masonería tuvo un éxito tremendo, y una de las consecuencias es que en Alemania fraguó la Estricta Observancia Templaria.
La Estricta Observancia Templaria, por la que el barón Von Hund tanto luchó, fue durante treinta años el cuerpo masónico de referencia en la Europa continental. A los grados de Aprendiz, Compañero y Maestro, se había añadido la Maestría Escocesa, la calidad de Novicio y el rango de Caballero Templario. Sin embargo, acabó colapsando por una serie problemas de diversa índole. Por una parte, el pastor protestante Von Stark instituyó en el seno de la obediencia una clerecía que, en la práctica, era una élite espiritual de clérigos teurgos que entró en competencia directa con la autoridad de Von Hund. Pero lo que seguramente condenó a la Estricta Observancia Templaria fue el reconocimiento, en el convento de Wilhelmsbad (1782), de la falta de elementos históricos para establecer una filiación real con la Orden del Temple, por lo que reconocían no ser los legítimos herederos de dicha orden. Esto era poco menos que afirmar que ellos mismos habían sido un fraude. Como dice Pavel, «La Estricta Observancia Templaria estalló como una supernova. Ese polvo de estrellas dio luz en distintas latitudes a la familia de ritos cristianos que hoy se practican en masonería. (...) El Rito Escocés Rectificado fue uno de los que renacieron de sus cenizas...»
En el capítulo titulado La matrioshka de Willermoz descubrimos cómo se acaba configurando el Rito Escocés Rectificado; configuración que va de la mano del esfuerzo de Willermoz por encontrar un sistema iniciático que colmase sus expectativas. Willermoz estaba descontento tanto del oropel de la masonería como de la alquimia, y encontró, realmente por casualidad, la Orden de los Caballeros Masones Elus Cohen del Universo, fundada por el teurgo judeoespañol Martinès de Pasqually, autor de Tratado de la reintegración de los seres, doctrina esta que es fundamental en el R.E.R. El español tuvo dos discípulos notables: Louis Claude de Saint-Martin (creador de la orden martinista) y Jean-Baptiste Willermoz, quien se integró en la Estricta Observancia Templaria, y posteriormente estableció la estructura del Rito Escocés Rectificado, adoptado por las provincias templarias francesas en el Convento de las Galias (1778). Sin embargo, Willermoz no pudo conseguir que se aceptase la estructura del rito tal y como él la deseaba. Debido al recuerdo de los problemas ocasionados por los clérigos de Von Stark, y temerosos de tener una élite que pudiese reproducir la misma situación, en el Convento de Wilhelmsbad no se permitió que la Gran Profesión formase parte del rito. «Nada por encima de la caballería», le dijeron. Aunque en realidad la Profesión no pudo ser eliminada, sino que solo se hizo más secreta. Y, en cualquier caso, el pináculo del sistema eran los Elus Cohen. El R.E.R. quedaba entonces estructurado del siguiente modo:
Primero, cuatro grados simbólicos (no tres) como escuela de virtud y sabiduría (Aprendiz, Compañero, Maestro y Maestro Escocés de San Andrés). (...) Segundo, una orden caballeresca donde cesa toda instrucción de la masonería primitiva y se enfatiza la operación de los misterios menores aprendidos, de acuerdo con las formas más puras de la Estricta Observancia Templaria (Escudero Novicio y Caballero Bienhechor de la Ciudad Santa). Tercero, una orden secreta (los Grandes Profesos) donde se retoma la instrucción, ya sin velos, de los misterios mayores, de la ciencia sagrada. Por último, en el corazón de la matrioshka, la pepita de oro, la Orden de los Caballeros Elus Cohen del Universo, donde cesa la instrucción purificante para iniciar la operación...
La condición de Elu Cohen no está ligada ya a la instrucción, sino a la práctica. Y aquí nos encontramos con un elemento que para el masón de otros ritos resulta verdaderamente sorprendente: la teúrgia. «La teúrgia cohen se iniciaba mediante oraciones, ayunos, vigilias, la asistencia diaria a misa y la toma de la comunión», y en ella tienen lugar visiones crísticas, que Martinès de Pasqually describe como colores, centellas y escalofríos. Los teúrgos se referían a esta experiencia como La Chose(La Cosa), lo que denota la condición inefable del fenómeno. Estas visiones son parecidas a la visión de la Divina Misericordia por parte de la monja polaca sor Faustina Kowalska:
Las derivadas teológicas de estas experiencias místicas exceden en mucho la razón de ser de una mera entrada de blog, como es esta. El libro sigue tratando elementos cabalísticos, escolásticos, filosóficos, numerología o la Caída del Hombre. Se trata de una presentación, realizada con sencillez y transparencia, de todo el universo intelectual y espiritual del Rito Escocés Rectificado. Aunque todas estas facetas son comprensibles una a una, debido a que cada elemento abre sus propias enseñanzas de gran calado, el conjunto exige un considerable trabajo por parte de aquel que realmente desea penetrar en la cosmovisión de este rito. Sin duda se trata de una sabiduría que necesita de años hasta interiorizarla. Por ello, aunque el libro solo tiene 170 páginas, exige varias relecturas pausadas y espaciadas en el tiempo.
Como he dicho antes, este libro llena un gran vacío, pues hasta ahora no existía un libro que fuese realmente una introducción al Rito Escocés Rectificado y que tratase tantos aspectos. La matrioshka de Willermoz está escrito por alguien que no solo conoce profundamente el rito, sino que lo ama. Pavel escribe muy bien (si leéis otros libros suyos, como el estremecedor Soñar despierto, os sorprenderéis). E insisto en que la prioridad de Pavel ha sido mostrarlo todo con transparencia y de manera bien estructurada para facilitar la comprensión al lector. Recuerdo ahora que, en las conversaciones privadas con Pavel, cuando coincidíamos en logia, él siempre lamentaba el estilo enormemente confuso y difícil de Martinès de Pasqually, el cual le exigió muchísimo trabajo para desentrañar el contenido. Quizá por ello él ha puesto ahora la claridad como su gran prioridad. El único reproche que se me ocurre (reproche con la boca chica) es con respecto al título, pues si bien La matrioshka de Willermoz es un título ajustado a la realidad del rito, también puede provocar que el lector no avisado no repare en lo que este libro realmente es: una excelente introducción al Rito Escocés Rectificado. Cualquiera que desee conocer, aunque sea por encima, este rito tan particular, debe tenerlo en su biblioteca. No os defraudará.